En 2017 el artista Daniel Guzmán comenzó una serie de dibujos, conceptualmente buscaba contar una historia breve, así surgió El hombre que debería estar muerto (EHQDEM) proyecto que ha divido en capítulos que en los últimos años ha presentado en museos y galerías. Ahora el capítulo: La modernidad insufrible, dibujos de segunda mano se inaugura el 15 de agosto a las 19 horas en el Taller Popular, un espacio independiente en la ciudad de Oaxaca, donde permanecerá hasta octubre de 2025.
El artista mencionó que en la primera exposición de la serie, que fue en el Museo Cabañas en Guadalajara, se dió cuenta que lo que quería hacer era escribir una novela con un personaje que se llamaba El hombre que debería estar muerto. “Este personaje es un poco la búsqueda de quién es ese hombre que debería estar muerto, todo esto que hice, fue como tratar de decir quién de todos estos personajes es el hombre que debería estar muerto, y por qué debería estar muerto y qué historias se pueden construir a partir de él”.
En La modernidad insufrible, dibujos de segunda mano. EHQDEM, Guzmán, a través de más de 40 dibujos trabajados principalmente sobre papel estraza, “presenta el proceso de despliegue y disolución del ser masculino, agente violento y destructor, ese hombre que debería estar muerto”. Algunas de las obras de los distintos capítulos de la serie El Hombre que debería estar muerto, son parte de colecciones de museos como el Museo Tamayo, el Museo Nacional de Arte (MUNAL), el Museo Amparo y el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO).
“La narración presenta una suerte de investigación de momentos y escenas habitadas por este personaje. Dibujos que son un amasijo humano y caldo de cultivo, preparado con porciones del acompañamiento de William Burroughs, Jorge Luis Borges, Mariana Enríquez, Ricardo Piglia, Leila Guerriero, Lucia Berlin, Paul B. Preciado, Roberto Bolaño, Phillip K. Dick, Mark Fisher, películas y otros artefactos culturales de la llamada cultura popular. De la cuna a la tumba, las costumbres, valores y creencias, son herencias, conocimientos, cachivaches usados, pasados de mano en mano, de boca en boca y de generación en generación: cosas de segunda mano”, detalló Guzmán en el texto que acompaña la exposición.
Agregó que “como Xipe Tótecs andantes, cargamos la piel infame de la historia moderna y contemporánea, del horror de hábitos ensangrentados y violentos, ropajes de personalidades múltiples: rey, amo, empresario, capitalista, colonialista, fascista, nazi: todos blancos, todos negros, todos rojos, todos amarillos. Para ocultar la ruina y el matadero en que se ha convertido el planeta que habitamos, inventamos nuestro campo de concentración personalizado, digital y portátil, que nos separa del horror de este fin del mundo hasta que el destino nos alcance”.
En una charla que el artista sostuvo con Mónica de la Torre, platicó que a lo largo de su vida ha tenido una conexión con la literatura, “me encantan los libros, me gusta leer, mi primer amor fueron los libros, más que las artes plásticas o visuales, porque en mi casa de niño mi papá compraba historietas mexicanas, veía los gráficos, pero más que eso me interesaba en la lectura. Cuando comencé esta serie de dibujos, creo que el marco conceptual era como una novela o una historia breve, y no en lo gráfico, sino en lo conceptual, esa es la razón por la cual puse subtítulos para dividirla”.
Es por ello que crea una narrativa visual, “muchos de mis dibujos anteriores tenían textos retomados del periódico o de las noticias, de los libros que leía, hubo una temporada que omití todos los textos, quité todo lo textual y me quedé con lo visual, para experimentar algo que no tuviera un texto al lado, que te dijera que eso significa tal cosa”.